Monjas del Abba Padre

Reflexiones

In Homilías on agosto 23, 2010 at 3:48 am

Monseñor Santiago Olivera

Compartimos la homilía de nuestro Padre y Pastor, Monseñor Santiago Olivera, en la Profesión de nuestras hermanas Natalia, Diana Y María.

I Vísperas de la Pascua de la Madre de Dios.

“A la fiesta que supone celebrar juntos la  Asunción de la Virgen, sumamos el celebrar la relación personal, la entrega a Dios de estas tres hermanas nuestras. Sin duda, todo lo que vivamos,  nos hablará de algo que nos trasciende a todos y donde toda palabra humana queda de más. Para descubrir el paso de Dios en esta tarde, nos debemos situar en esta relación íntima, personal, misteriosa que a todos nos mueve a renovarnos en la fe.

A esta fiesta agregamos la presencia de Monseñor Colomé, el Obispo emérito, que tuvo tanto que ver con la  Madre Hilda para que el Monasterio de Abba Padre, sea una realidad en la Iglesia. También de sacerdotes amigos de las hermanas, familiares y religiosas.

Todos tenemos la gracia y la posibilidad de reflexionar en primer lugar, sobre esta fiesta de la Virgen, que estamos celebrando. Pareciera del sentido común saber que la Virgen en cuerpo y alma está en el cielo, que su corazón de Madre está latiendo junto al Padre y sigue intercediendo por nosotros porque es nuestra Madre, sin embargo,  es un Misterio de nuestra fe, un Dogma de nuestra fe. La Virgen es como un signo y anticipo de lo que nosotros un día llegaremos a ser.

Decía  al principio que parece lógico, parece natural para un creyente, parece del sentido común, que el cuerpo de esa Mujer, la llena de Gracia, la Inmaculada, la que no tuvo pecado y la que llevó en su seno al Hijo de Dios, no sufra la corrupción del sepulcro sino que esté por los méritos de su Hijo Jesús, gozando ya de aquello que nosotros aspiramos como peregrinos.

La Virgen María. La que ha sido la mujer del “Hágase”, la mujer del “Sí” generoso, hoy tiene mucho que decirnos a nosotros también.

Yo pensaba en estos días en esta Celebración. Estuve rezando y reflexionando: María fue la mujer que frente al proyecto de Dios en su vida, entendió, captó, comprendió y descubrió el Plan Redentor.

Habiendo sido una mujer que dialogó, frente a este proyecto de Dios primero dijo con asombro: “¿Cómo puede ser esto si yo no conozco varón?”.  Al  comprender su lugar en este Plan, al vislumbrar el poder de Dios,  al entender que el Espíritu de Dios descendería sobre ella, supo decir: “Hágase en mí según tu Palabra”.

Para ella ya no contaba otro plan. Ya no contaban esas ilusiones femeninas, seguramente, de formar una familia con José… Y dijo: “Hágase en mí según tu Palabra”. Un Sí para el futuro. Un Sí que, quizás, no sabía lo que significaba… Pero María era por excelencia la mujer de la fe: La mujer que confió en la presencia de Dios. La mujer que trataba en la oración con Dios, que experimentaba saberse querida e hija de este Dios que la llamaba a colaborar en el Plan Redentor.

María fue la mujer que nos marcó el camino a todos aquellos, a todos nosotros, que queremos decirle Sí a Dios. Y también hoy, como siempre, pero más que nunca, la figura de la Virgen cobra un lugar fundamental en los hombres de nuestro tiempo. Porque vamos siendo testigos y vamos descubriendo, que -no así en algunos, no así en pequeños restos de hombres y mujeres de fe que optan por Dios- la cultura, el mundo, la sociedad, nuestra Patria, nuestros dirigentes, nuestros políticos, van actuando, van obrando, como sacando a Dios del proyecto que tiene para la vida de los hombres. Y somos testigos y fuimos testigos, muchas veces, de que a Dios se lo quiere como separar de la vida cotidiana…

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