Monjas del Abba Padre

…Navegando mar adentro…

In Eventos on febrero 18, 2011 at 7:10 pm

Madre Hilda María Magdalena

Compartimos las palabras de la Madre Hilda María Magdalena, en la Eucaristía celebrada por los 15 años de nuestra Fundación:

“En este día de gozo inmenso y profunda gratitud, mi corazón no cesa de repetir estas palabras: “¡Miren cómo nos amó el Padre! Quiso que nos llamáramos hijos de Dios”. (1 Jn.)

Se que tanto ustedes como nosotras, somos testigos de esto.

Sí, ¡DIOS ES NUESTRO PADRE… DIOS ES NUESTRO ABBÁ!

Lo hemos experimentado en nuestra propia vida… El se ha hecho Padre para cada uno de nosotros, porque nos ama con infinita misericordia.

El ha venido hacia nosotros cada día.

Y desde aquel día en el que hemos descubierto que tenemos un Padre que nos ama con predilección, hemos permitido que nuestra historia se convirtiera en una historia de amor filial.

Desde aquel día, hemos descubierto que cada uno de los acontecimientos de nuestra historia no ha sido en vano, ni han sido casuales. Más aún, hemos descubierto que todo lo que hemos vivido y caminado, ha sido permitido y acompañado por Alguien que nos ama y que siempre desea nuestro bien.

SIEMPRE Y EN TODAS PARTES, DIOS HA SIDO NUESTRO PADRE.

El se ha quedado con nosotras, ha hecho camino con nosotras, y nos ha mostrado su cercanía y su presencia fiel y providente a cada paso, como columna de fuego durante la noche y nube espesa durante el día.

Sí, El se ha hecho presente en nuestra historia y nos ha llevado “como en alas de águila…” y diciéndonos una y otra vez “ustedes son mis hijas”, “Yo soy su Padre”.

Recuerdo que hace ya más de quince años, claramente y repetidas veces, he escuchado en mi corazón las palabras que Jesús dirigió a Simón en la barca: “navega mar adentro”.

Y navegar mar adentro ha sido, durante todo este tiempo recorrido, para nosotras como Fraternidad, IR HACIA LO PROFUNDO, remar hacia lo más hondo, allí donde no hay puertos; allí donde El ÚNICO PUERTO ES EL CORAZÓN DEL PADRE. El ha sido y será siempre nuestro puerto seguro – SÓLO EN ÉL NOS DETENDREMOS -.

Solo al llegar a El dejaremos de remar.

Sí, SÓLO SU PUERTO, SU CORAZÓN, es lo que anhelamos como hijas.

Y durante estos quince años de “navegar mar adentro”  como Fraternidad hemos pasado ¡tantas cosas!… pero en todas ellas, el Padre una y otra vez nos ha dicho: “ NO TEMAS, TE HE LLAMADO POR TU NOMBRE. TÚ ME PERTENECES.

Si cruzas por las aguas, Yo estaré contigo y los ríos no te anegarán. Si caminas por el fuego, no te quemarás, porque Yo soy TU DIOS” (Isaías).

Sí, Él nos ha abierto un camino por las aguas y este camino ha sido SU HIJO JESÚS.

Él es el que nos conduce al Padre.

El es quien nos enseña a vivir como hijas…

El es quien despierta en nosotras esa SED que habitó en su corazón de Hijo.

Sed de contemplar el Rostro del Abbá.

Sed de pronunciar su Nombre.

Sed de caminar como Él caminó.

Sed de vivir bajo la sola mirada del Padre.

Por eso hoy, al cumplir quince años de fundación, nuestros corazones rebosan de alegría y gratitud porque tenemos la certeza de que SU AMOR es el que nos hace fieles.

De que es Él quien nos sostiene en cada instante.

Él se hace presente cada día y sale a nuestro encuentro: en el rostro de cada hermana que ha entregado por amor a Jesús su vida toda.

En el rostro de tantos hermanos que pasan por nuestro Monasterio compartiéndonos sus búsquedas, sus tristezas y dolores, sus esperanzas y alegrías. En el rostro de tantos hermanos que nos escriben o llaman confiándose a nuestra oración.

En quienes nos ayudan a seguir caminando, en quienes comparten nuestra sed; en quienes rezan con nosotras y reman hacia la misma dirección porque desean llegar al mismo PUERTO, EL CORAZÓN DE NUESTRO ABBÁ.

¡¡GRACIAS!! porque en cada uno de ustedes, en sus rostros, en sus palabras y silencios, en su presencia y cercanía, nosotras hacemos experiencia de que es Dios quien nos visita, quien se nos revela, quien nos devela su Rostro de Padre… quien va dejando en nuestros corazones la huella de su fidelidad, de su cuidado, de su amor entregado.

Miremos, hermanos, ¡qué amor nos tuvo el Padre para llamarnos sus hijos!!

Miremos, hermanos, ¡su presencia ya está en medio nuestro y seguirá estando siempre!!

Y sepamos que si tenemos un Dios que es Abbá, y que está con nosotros, no podemos temer jamás, porque El nos aguarda con el corazón abierto para decirnos una vez más:

“TÚ ERES MI HIJO, YO TE HE ENGENDRADO HOY”.

 

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