Monjas del Abba Padre

Ser otros Cristos

In ¡Abba Padre! on diciembre 14, 2011 at 12:32 pm

Compartimos la homilía de Monseñor Santiago Olivera, obispo de nuestra diócesis de  Cruz del Eje, con ocasión de la Primera Profesión de nuestras hermanas Constanza en el sacerdocio de Jesús, María Jimena del Magnificat y Nancy de Jesús Niño.

Monseñor Santiago Olivera

“Con mucha alegría estamos celebrando esta Eucaristía. Todos sabemos que en el tiempo de Adviento, el Gloria en los domingos, no lo cantamos sino que lo reservamos con mucha fuerza para el 24, la Nochebuena.  Sin embargo este domingo hay motivos sobrados para también darle gloria a Dios y cantarle alabanzas  por este acontecimiento de la vida consagrada de cada una de las hermanas, acontecimiento para esta comunidad, de esta Fraternidad de Abba, Padre. Por lo tanto, y en primer lugar este acontecimiento es para la Iglesia.

Un gran gozo donde no tendrá la repercusión que el mundo a veces da a  noticias no tan buenas, no será esto motivo de las primeras páginas de los diarios, sin embargo estamos escribiendo aquí una de las páginas más importantes, porque nos aproximamos, nos acercamos a un gran misterio.  Nunca vamos a comprender del todo a estos misterios de amor personal entre Dios y Constanza, Jimena y Nancy que han tenido del Señor una mirada particular, personal,  que las ha llamado a ser toda de Jesús, que las ha llamado a vivir en el amor, a tener la experiencia de saberse amadas y responder a esta experiencia, con el amor.

No hay tiempo en los caminos de Dios para nuestras llamadas, esto que es cierto y sin duda en la vida de cada una de las hermanas que hacen hoy su Profesión; profesión que es primera y  camino a esa consagración solemne que harán dentro de un tiempo, porque estoy seguro que entendieron el amor de verdad, el amor verdadero que no tiene tiempo, que ama con todas las fuerzas, y ama para siempre; y éste es el amor que les ha inspirado el Señor en la vida de cada una de ellas.

 Estamos celebrando  en  adviento; el adviento es el tiempo que nos prepara para celebrar con renovada alegría el misterio de un Dios que se hace hombre, que se hace carne, que acompaña nuestra vida y nuestra historia. Este Dios que acampa entre nosotros, que pone su morada entre nosotros. Un Dios que nos habla de una compañía permanente para siempre.

Nos preparamos para celebrar la Navidad, recordamos lo que pasó hace más de 2000 años pero sabemos que ese acontecimiento del pasado tiene hoy total actualidad: Dios con nosotros hasta el fin de los tiempos, Dios está en medio nuestro, Dios nos sostiene y  acompaña. Y por eso ya no hay más soledad, no hay más dolor, no hay más situación que no sea acompañada por la presencia de este Dios, rico en misericordia  que se encarnó.

En este tiempo de la Navidad nos preparamos con esta gracia del Adviento, en este adviento que es como sabemos y leímos el domingo pasado tiempo de vigilancia, tiempo de la preparación y que hoy la Liturgia nos invita de nuevo a volver nuestros pasos, nuestra inteligencia, nuestro corazón a los caminos del Señor. Lo vemos en Juan el bautista, esta imagen clara del tiempo del Adviento , que invita a la conversión, a preparar el camino, a mejorar  nuestro corazón y a alejar de nosotros  todo lo que se aparta de Dios, todo lo que en el plan de Dios no es querido para cada uno de nosotros.

El tiempo del Adviento es el tiempo que nos invita a ser, en primer lugar,  el pesebre donde el Señor tenga cabida, donde Dios nazca en mi vida, y de tal manera debe nacer en mi vida que mis actitudes, mis criterios, mi vida toda sea la realidad de otro Cristo. El tiempo de Adviento es el tiempo de tomar conciencia nuevamente, que por nuestra vocación bautismal, estamos llamados a ser presencia de otro Cristo, a tener los sentimientos  de Jesús; y  la Navidad no será, por lo tanto, celebrar con alegría como el cumpleaños por los años que  Dios irrumpe en nuestra historia en Jesucristo sino también será celebrar con verdad la presencia de Jesús en cada uno de nosotros. La auténtica Navidad será que en cada uno de nosotros sea una manifestación de verdad, una representación, una presentación de Dios, de Jesucristo con su mirada, con sus gestos, con sus actitudes.

Adviento es entonces el tiempo propicio para mirar nuestra vida a la luz del Evangelio, es el tiempo de purificación, de encuentro con Dios, es el tiempo que nos invita a disponer nuestro corazón para dejarnos transformar por Dios. Nuestro esfuerzo no será construir nuestra vida de acuerdo al Evangelio, que sin duda es una tarea que tenemos que cumplir, sino que  en primer lugar nuestra  preparación será una auténtica docilidad para dejarnos purificar, transformar por el Señor.

El tiempo de Adviento es el tiempo que nos disponemos para dejarnos sanar por Dios, que ponemos en su presencia toda nuestra vida, para quitar todo obstáculo y allanar la presencia del Señor.

Podemos también tener presente la lectura consoladora de Isaías “Consuelen, consuelen a mi pueblo” quién de nosotros en el camino de la vida no tiene como le pasó al pueblo de Israel,  que estaba viviendo en el exilio de Babilonia, la experiencia de dificultad, sufrimientos y dolores. El profeta nos invita a renovar y a recordar que los tiempos de prueba y de dolor, pueden ser grandes tiempos de purificación y de auténtica fecundidad.

También el tiempo de Adviento nos invita a asociar toda dificultad y todo  dolor al Señor para vivir una vida cada vez más fecunda.

La primera lectura nos recuerda cómo este pueblo que había  confiado todo en Dios, que había perdido tantas cosas en el exilio, había perdido la posibilidad del Templo y del culto, y cómo lo vuelve a descubrir.

El profeta los invita a volver a lo esencial,  solo Dios basta y  a la luz de estas lecturas estamos siendo testigos de que esta Palabra se encarna en esta realidad que hoy celebramos en la vida de estas tres hermanas que hacen su profesión, su primera profesión. Las hermanas nos anuncian con su vida que solo Dios basta, los Obispos en Aparecida piden a la vida consagrada que sea el lugar en este mundo, que  a veces va en búsqueda de tantas cosas, de otros valores, que anuncien con su vida la búsqueda de lo esencial, que testimonien con su vida la búsqueda del sólo Dios basta.

Como dicen los obispos también que sus comunidades, que la vida consagrada, la vida contemplativa sea lugar donde el amor de Dios explicite el Evangelio. Damos gracias a Dios y pedimos entonces  también al Señor, que  ayude a toda la Iglesia y a todos nosotros siempre a vivir de tal manera que explicite nuestra vida, el Evangelio.

Vamos a rezar y a pedirle que en este día en el cual estas hermanas se suman a un grupo de hermanas que quieren actualizar la vida histórica de Jesús siendo pobres, castas y obedientes, siendo imagen real de otros Cristos que las ayudemos, que ellas nos sigan anunciando con sus vidas, con sus gestos, con sus actitudes, con su alegría, con su acogida, con todo lo que nosotros sabemos, que nos sigan anunciando explícitamente el Evangelio de Jesús. Para eso nos preparamos, la Navidad es la encarnación de la BuenaNueva,  la encarnación del anuncio de un Dios que comparte nuestra vida para siempre y por lo tanto hasta el fin del mundo, hasta que el Señor nos llame, hasta ese encuentro con Él, sabiendo que siempre caminamos a su lado. Que así sea”.

 

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