Monjas del Abba Padre

VESTICIÓN DEL HÁBITO MONÁSTICO

In Eventos on agosto 25, 2012 at 2:23 pm

Hna. Virginia, Hna. Valeria y Hna. Tamara.

El pasado 15 de agosto “Solemnidad de la Asunción de la Virgen María” nuestras hermanas Virginia, Tamara y Valeria vistieron el hábito monástico de nuestra Fraternidad, como signo visible del profundo deseo de revestirse con los mismos sentimientos de Cristo Jesús.

Al comenzar la celebración eucarística dela Pascua de la Virgen, en un clima de gozo y de gratitud, acompañadas por algunos de sus familiares, nuestras tres hermanas recibieron el santo hábito.

El vestir el hábito monástico es signo de nuestra consagración, de nuestra pertenencia total a Dios. Desde los comienzos de la vida monástica, a esta vestimenta se le daba el nombre de  hábito, y con ello se quería manifestar que la persona dejaba hábitos y costumbres pasadas para abrazar las costumbres y el modo de vivir de Jesucristo.

 “Llevamos un tesoro en vasijas de barro”2 Cor.4,7 Y este tesoro, es la plegaria que habita desde toda la eternidad en el corazón de Cristo: ¡Abba, Padre! Por eso llevamos un hábito color marrón que representa la vasija de nuestras vidas que contiene esta plegaria filial.

Como dice la Palabra nosotras, como monjas, “no tenemos puesta la mirada en las cosas visibles, sino en las invisibles: lo que se ve es transitorio, lo que no se ve es eterno” (2 Cor.4,18) Por eso cada parte de nuestro hábito nos invita a fijar la mirada en lo que no pasa, en lo que es eterno …

Hna. Virginia, Hna. Valeria y Hna.Tamara.

Al recibir la túnica ponemos nuestras vidas en las manos del Padre, queremos ser esa arcilla blanda entre sus manos,  para que sea Él quien  nos modele según la imagen de su Hijo. Deseamos revestirnos de los sentimientos de Jesús casto, pobre y obediente, siempre vuelto al Rostro del Abba, caminando como Él caminó.

Unidas a Jesús podemos decir “Tú Padre estás en mí y yo en ti” (Jn.17, 21) por ello el velo que recibimos es signo de nuestra pertenencia al Padre,  si somos propiedad exclusiva de nuestro Padre es porque somos hijas.

El velo nos recuerda también nuestra vocación monástica “Vigilen y oren” “porque no sabemos ni el día ni la hora en que llegará nuestro Esposo”.

Recibimos el escapulario como signo del yugo suave y ligero que Jesús invita a cargar a los que se acercan a Él. Con Él nos comprometemos a cargar sobre nosotras el mismo amor que Jesús llevó sobre él, hasta el final. Un amor sin reservas, que se entrega hasta el extremo, en lo oculto y en lo secreto de cada día.

Siguiendo las huellas de Jesús que “no buscaba hacer su voluntad sino la de aquél que lo envió” (Cf. Jn.5, 30) queremos dejarnos guiar y conducir por la voluntad del Padre y expresamos este deseo con el cinto que llevamos.

Libremente queremos unirnos por amor al misterio Pascual del Hijo, viviendo la docilidad en el seguimiento.

Deseamos que nuestra voluntad y la voluntad de Jesús sean una, para que ya no seamos nosotras quienes vivamos, sino que sea Él quien viva en nosotras.

Es María quien nos enseñará el secreto de vivir bajo la mirada de Dios, sumergidas en Su presencia.

Cada día queremos mendigarle que engendre en nosotras un corazón orante y filial, para que como Ella podamos decir <<Hágase en mí según tu palabra>> Lc.1, 38.

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