Monjas del Abba Padre

“Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo….”

In Eventos on septiembre 22, 2012 at 11:58 am

“En tus manos Padre, confío mi vida entera”.

En la fiesta de la Natividad de la Virgen María, el pasado 8 de septiembre, con gran gozo en el corazón nos unimos en la Acción de Gracias al Padre por el “Sí “para siempre de nuestra hna. María Betsabé, hija de la Luz.

En la alegría de saber que Dios está con nosotros y que nos llena con su gracia para que podamos responder con total amor a su Amor que nos elige y nos llama, nuestra hermana María Betsabé, hija de la Luz hizo su Profesión Perpetua, confiando toda su vida para siempre en las manos del Padre, como monja de nuestra Fraternidad Monástica Abba Padre.

La Eucaristía de consagración estuvo presidida por nuestro Padre y Pastor, Monseñor Santiago Olivera, y concelebrada por nuestro Obispo emérito, Monseñor Omar Colomé, como también por otros sacerdotes cercanos a nuestro Monasterio. También nos acompañaron en esta Acción de gracias, religiosas y religiosos, junto a todo el pueblo cristiano.

Con María nuestra Madre, nos unimos en un cántico agradecido por las maravillas obradas por el Abba en la vida de nuestra  María Betsabé y le pedimos a la Virgen, la “llena de gracia” que engendre en nuestra hermana  un corazón filial y que le enseñe el secreto de vivir en un continuo “hágase” porque nada es imposible para Dios.

“Padre envía sobre esta hija tuya el fuego del Espíritu Santo…”

Padre, yo les he dado a conocer tu Nombre

 se lo seguiré dando a conocer,

para que el amor con que tú me has amado

esté en ellos y yo en ellos.”

(Jn. 17,28)

Una vez más ponemos nuestras vidas consagradas en las manos del Abba y nos confiamos a sus oraciones para que podamos vivir en fidelidad a este carisma que el Espíritu Santo ha derramado en nuestras vidas, y compartimos algunas fotos de la Eucaristía de ese día.

                                

“Sostenida en la Promesa de su Espíritu, sí quiero”.

                                 

Compartimos la homilía de Monseñor Santiago Olivera, obispo de nuestra diócesis de  Cruz del Eje, con ocasión de la ProfesiónMonástica Perpetua de nuestra hermana María Betsabé, hija de la Luz.

Es una gran alegría siempre poder presidir unos votos perpetuos y en este día también, donde honramos de modo  particular y veneramos a nuestra Madre, en el día de su nacimiento reconociendo  desde los primeros tiempos de la Iglesia- primero en Jerusalén después en todala Iglesia-, a la Madre del Salvador. Adelantándonos a esa aurora de esperanza ponemos nuestra mirada en María. La verdad  que es una linda fiesta para poder consagrarse porque la perfecta discípula, la  perfecta consagrada es sin duda la Virgen María.

Siempre que participamos de una celebración en la cual una hermana nuestra o un hermano nuestro hace su consagración, debemos como renovar nuestra mirada de fe, descubrir algo que nos trasciende a todos, es un misterio grande de amor, de un Dios que llama, que toco el corazón, y capacita y posibilita que el hombre, nosotros, frágiles, vasija de barro podamos responder casi con temor a la llamada de Dios. Pero en esta fe que renovamos también manifestamos nuestra gran alegría en un Dios que sigue obrando, que sigue llamando, que sigue invitando, que sigue manifestando su presencia. También damos gracias a Dios y renovamos la alegría porque hay  jóvenes que siguen escuchando la voz de Dios y respondiendo al amor de Él, con amor.

Estamos siendo testigos de algo que la hermana María Betsabé en esta celebración quiere entregarle a Dios; no algo exterior a si mismo, sino vamos a ser testigos, estamos siendo testigos de una entrega total. Esta es la consagración, esta es la vida que se ofrece, no es algo, es todo. Y esto porque Dios es todo, y esto porque solo Dios basta.

Siempre la vida consagrada nos recuerda la primacía de Dios, la vida contemplativa de un modo así más radical y absoluto, nos recuerda la posibilidad de vivir solo para Dios. Si uno tiene la mirada humana nos parece casi imposible o increíble, sin embargo nuestra vida de fe y nuestra aproximación a este misterio de amor de Dios, de amor de la criatura hacia Dios que nos  manifiesta la posibilidad.

Estamos siendo aquí como testigos de este momento importante en la vida de la hna. María Betsabé que no comienza hoy, sino que es fruto de un proceso, de escucha; de un proceso podríamos decir vocacional. Hemos escuchado el texto de la Anunciación, a María  en este dialogo, que podríamos decir que está nuestra vida vocacional. María una mujer que amaba a Dios, que quería agradar a Dios. Una mujer piadosa, una mujer religiosa que esperaba la salvación de Dios. Fue educada justamente en su total adhesión a Dios. En esa educación, en ese proceso suyo irrumpe -en su vida- el plan de Dios, el proyecto de Dios y podemos decir que en este texto que hemos escuchado está este proceso vocacional que no lo obtenemos de un solo momento, sino en el momento de toda nuestra vida podemos tenerlo.

Este Señor que por medio del ángel va a contarle a la virgen su proyecto. María que se desconcierta, ¡claro que si! , cualquiera de nosotros nos desconcertaríamos frente a un plan tan grande y tan misterioso de Dios. “¿Cómo puede ser posible?”. Sin embargo el ángel le dice como la clave de todo proceso vocacional, que nos pasó y nos pasa a todos los que hemos sentido en nuestro corazón el llamado “No temas”, “no temas”. No es una iniciativa nuestra, es la iniciativa de Dios. Si fuera iniciativa nuestra habría quizás otros mezquinos intereses, otras mezquinas búsquedas, pero es el Señor quien ha mira tu corazón, es el Señor quien te ha llamado, es el Señor quien te ha buscado, o nos hemos dejado encontrar.

“No temas” y el ángel le explica como iba a ser este proyecto de Dios. Pero María le sigue exponiendo su razonamiento y realmente con razón: “Cómo puede ser esto si yo no convivo con ningún hombre?” “Si  no conozco varón”. Frente a este dialogo vocacional de escucha y de respuesta la Virgen termina diciendo lo que todos nosotros cristianos, todos justificados, elegidos, llamados, predestinados, tenemos que hacer:  configurarnos con el rostro de Jesús.

Frente a esta explicación del ángel, vemos en la virgen la docilidad al decirle “hágase en mí según tu palabra”. Esto que paso hace más de 2000 años, de la Virgen María en Nazaret, hoy lo estamos renovando en la vida de  María Betsabé que tuvo un camino, un proceso, una historia, una familia, toda una vida que fue acompañando este momento en el cual hoy se manifiesta. Aunque en su corazón, estoy seguro que siempre eran votos perpetuos, hoy solemnemente la Iglesia recibe en nombre de Jesús esta consagración, decir “hágase en mí según tu palabra”. Que hoy se cumpla en mí tu proyecto.

Ella había escrito como yo otras veces les he revelado unos testimonios de las hermanas de su reflexión; en su testimonio que comparte le había pegado fuerte la Palabra, porque la Palabrasin duda, es condición de la vida contemplativa, toda consagración surge de ese encuentro con la palabra: “la semilla del sembrador”. Esta semilla que se tira en la tierra preparada, agrietada, esta llamada a ser fecunda, a ser brote del Señor y este es el deseo de nuestra hermana hoy.

Así quiere entregar su vida. Entregar su vida porque tiene fe, entregar su vida porque sabe que solo Dios basta y entregar su vida, podríamos decir, en un solo voto.  La pobreza, la castidad y la obediencia, sabemos que no nos dividen. Los consagrados saben que esos votos no dividen sino que unifican. Son maneras de expresar que Dios es el mayor bien, por eso no queremos otros bienes que terminan, que perecen.

No queremos otra obediencia, justamente que buscar la obediencia al plan de Dios, al proyecto de Dios. No el propio camino, el propio proyecto. No privatizando mi vida sino ofreciéndola y haciéndola una con Jesús y por Jesús.

Vivir la castidad con un corazón que solo es de Dios, que sin duda hay que irlo trabajando con la gracia de Dios.

 El beato Juan Pablo II decía a la vida consagrada, recordando que solo la vida consagrada surge de la contemplación: “que la vida consagrada surge, vive y se regenera de la contemplación”. Por eso la tarea de todo consagrado será ir siempre a esas fuentes contemplando el rostro de Jesús para estar auténticamente en comunión con él. Teniendo un corazón que sea casado, en el mejor sentido de la palabra, con el Señor.

Ser testigos entonces de este misterio de amor, del amor de Dios que se responde con amor. Vamos a darle gracias al Señor por la Iglesia, por este Monasterio de vida consagrada, contemplativa, que siempre nos vuelve a dar este regalo…Porque el Señor nos sigue enviando jóvenes que quieren manifestar en este mundo secularizado, donde se nos quiere ocultar la presencia de Dios, donde parece que hay cierta amnesia de Dios, que eso no es verdad, que hay muchos y muchas que de verdad optan por Dios. Descubren que en Dios está nuestro mayor bien, y que Él nos  hace capaces por la fe de que entreguemos toda la vida, porque nos sabemos peregrinos y nos sabemos frágiles… pero para el Señor todo es posible.

Vamos a darle gracias al Señor , a la Iglesia y a la hermana María Betsabé por este regalo que hoy nos da, renovando la esperanza de que el Señor sigue apostando por nosotros y esta alianza del Señor que se actualiza en cada misterio de amor, en cada hombre o mujer que le dice que sí al proyecto de Dios.

Con María unimos esta consagración, que se cumpla la Palabra, hoy y cada día y siempre en nuestra vida. Que así sea.

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