Monjas del Abba Padre

“Los conduje sobre alas de águila y los traje hasta mí” (Ex.19,4)

In ¡Abba Padre! on diciembre 10, 2012 at 2:10 pm

Queremos compartir con ustedes, quienes siempre nos acompañan con la oración, algunas de las experiencias más significativas de nuestra peregrinación a Tierra Santa y Roma.

En la Iglesia del "Dominus Flevit" - Jerusalén

En la Iglesia del “Dominus Flevit” – Jerusalén

En el Vaticano - Roma

En el Vaticano – Roma

 Todo comenzó así…

Hacía tiempo que el Padre había puesto en nuestros corazones el deseo de peregrinar como comunidad a Tierra Santa y Roma, respondiendo a la invitación del Papa Benedicto XVI a conocer el “Quinto Evangelio”, y a peregrinar, dentro del año de la Fe, hacia los lugares santos:  “ En el Año de la Fe hay que alentar las peregrinaciones de los fieles a la Sede de Pedro, para profesar la Fe en Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo, uniéndose a aquél que hoy está llamado a confirmar en la fe a sus hermanos. Será importante también fomentar las peregrinaciones a Tierra Santa, el lugar que tuvo la primicia de conocer a Jesús, el Salvador, y a María su Madre. (Congregación para la Doctrina de la Fe, Indicaciones pastorales, 6 de enero de 20112, Punto 2)

Luego de permanecer a la espera de Sus tiempos y a la escucha de Su voluntad, y después de haber conversado con nuestro Padre y Pastor, Monseñor Santiago Olivera recibiendo su paternal bendición, quién nos escribía y saludaba : “Dando gracias al Dios providente y deseando que el viaje de frutos hondos de amor a Dios, a Jesús y a la Iglesia …” se hizo posible este deseo, y gracias también a que  la Providencia se manifestó concretamente a través de una  familia MUY GENEROSA  de una de nuestras hermanas que nos quiso regalar esta peregrinación, cosa que nos llenó el alma de gozo y la verdad que no lo podíamos creer !!!!!.

Y así fue como, con inmensa gratitud y sorprendidas por tanta bendición, emprendimos nuestro viaje. El día 4 de octubre, fiesta de San Francisco de Asís, salimos del monasterio por la noche, rumbo al aeropuerto de Ezeiza, en Buenos Aires.

Allí nos encontramos con quienes nos acompañarían en nuestro viaje: el padre Máximo Hergenreder hermano de nuestra Madre Hilda, como capellán de la peregrinación, y Elena Alberto, como coordinadora de la empresa “Exit Tour”.

Antes de partir, poniéndonos bajo el amparo de Nuestra Señora de Loreto, con corazón agradecido y rebosante de alegría, celebramos la Eucaristía en la Capilla del aeropuerto.

Aeropuerto de Ezeiza

Aeropuerto de Ezeiza

Misa en la Capilla del Aeropuerto

Misa en la Capilla del Aeropuerto

“Quítate las sandalias, porque la tierra donde pisas

es Tierra Santa”  Ex 3, 5

Vista panorámica a la ciudad antigua de Jerusalén

Vista panorámica a la ciudad antigua de Jerusalén

 

Con el gozo y la admiración de estar pisando esta tierra bendita en la que Jesús quiso habitar entre nosotros, y luego de habernos encontrado con Ramzi, nuestro guía en Tierra Santa, nos dirigimos hacia el Monte Carmelo. Allí nos unimos a nuestros Hermanos Carmelitas en el rezo del Rosario, y bebimos de la fe de nuestros primeros padres, pudiendo estar y rezar en la cueva del profeta Elías. Por la noche, celebramos nuestra primera Eucaristía en Tierra Santa.

Cueva de Elías

Cueva de Elías

En camino hacia la Iglesia del Monte Carmelo

En camino hacia la Iglesia del Monte Carmelo

Recorrimos Cafarnaúm, aquel pueblo tan querido por Jesús, donde transcurrió gran parte de su vida pública. ¡Y qué regalo inmenso poder celebrar allí la Eucaristía!

Eucaristía celebrada en Cafarnaún

Eucaristía celebrada en Cafarnaún

Visita a la antigua sinagoga de Cafarnaún

Visita a la antigua sinagoga de Cafarnaún

¡Qué alegría inmensa sentimos cuando nuestros ojos contemplaron aquel mar de Galilea por el que tantas veces navegó Jesús! ¡Mar que fue testigo de tantos llamados… de tantas miradas… de tanta intimidad con el Maestro!

Vista al Mar de Galilea

Vista al Mar de Galilea

Iglesia del Primado de Pedro

Iglesia del Primado de Pedro

También nosotras, a orillas del Mar de Galilea, como Pedro, nos encontramos ante Jesús que nos preguntaba: “¿Me amas? ¿Me amas más que estos?… Sígueme” y pudimos responder una vez más, con renovado amor, a su invitación en el seguimiento.

Y estando allí también pudimos compartir y disfrutar en comunidad un riquísimo pescado de ese querido mar de Galilea…haciendo memoria de aquellos momentos de intimidad entre el Maestro y los apóstoles.

Mar de Galilea

Mar de Galilea

Pescado típico de Tiberíades

Pescado típico de Tiberíades

Por la tarde, dentro de una pequeña celebración con el padre Máximo, renovamos nuestras promesas bautismales en el Río Jordán, oyendo nuevamente en nuestro corazón la voz del Padre que nos decía: “Tú eres mi hijo amado… Yo te he engendrado hoy”. ¡Qué conmovedora fue esta experiencia: renacer de lo alto por la fe… como hijas en el Hijo, unidas en un mismo Bautismo!

Renovación de las promesas bautismales

Renovación de las promesas bautismales

Río Jordán

Río Jordán

Y como si esto fuera poco, al llegar el ocaso del sol, nos esperaba un paseo en barca por el Mar de Galilea. Y en un clima de profunda oración y silencio, pudimos sentir su misma Presencia en aquel paisaje, en el ruido de las olas, en el soplo del viento…

Preparadas para subir a la barca

Preparadas para subir a la barca

Paseo en barca por el Mar de Galilea

Paseo en barca por el Mar de Galilea

En la gruta de la Anunciación junto a María, nuestra Madre, estremecidas de gozo porque el Padre también miró con bondad nuestra pequeñez, repetimos el “Hágase en mí según tu Palabra”, deseando que una vez más el Verbo se hiciera carne en nosotras.

Como fraternidad fue muy significativo estar en la casa de la Sagrada Familia, escuela de la vida escondida, de la entrega en lo secreto, del trabajo silencioso y de la oración fecunda, ya que como monjas también queremos vivir bajo la sola mirada del Padre, haciendo de nuestras vidas un nuevo Nazaret.

Eucaristía en la Basílica de la Anunciación

Eucaristía en la Basílica de la Anunciación

Nazaret - Camino a la Basílica de la Anunciación

Nazaret – Camino a la Basílica de la Anunciación

Al pie del Monte Tabor, su Luz brillaba en nuestros corazones, encendiéndonos en un mismo deseo… deseábamos que Jesús transfigurara nuestras vidas a semejanza suya. Y con este anhelo subimos a la cima del Monte, para este encuentro. Allí todo nos hablaba del Rostro glorioso del Hijo, invitándonos a participar de esta misma gloria.

Monte Tabor - Iglesia de la Transfiguración

Monte Tabor – Iglesia de la Transfiguración

Cantando el Coral de la Transfiguración

Cantando el Coral de la Transfiguración

También estuvimos en el pozo de Jacob, en donde Jesús se encontró con la samaritana y le pidió de beber. Fue muy conmovedor el acercarnos a aquel pozo que aún hoy sigue manando agua, y poder beber de esta fuente como signo del agua viva que se nos da en Jesús. Resonó fuertemente en nosotras la sed que habitó el corazón del Hijo: sed de buscar el rostro del Padre y sed de revelarlo a los hermanos.

Pozo de Jacob, donde se encontró Jesús con la samaritana

Pozo de Jacob, donde se encontró Jesús con la samaritana

Sacando agua del Pozo de Jacob

Sacando agua del Pozo de Jacob

Belén… ¡Con cuánto anhelo esperábamos llegar hasta aquella pequeña y humilde gruta que vio nacer al Hijo de Dios, y contemplar cómo ésta se tornaba en Cielo!

Todo allí nos invitaba a abajarnos, a hacernos como niños para acoger la ternura del Emmanuel, el Dios-con-nosotros. Nosotras, como tantos otros y como en todo tiempo, también fuimos a adorar al Niño de Belén… y guiadas por la estrella de la fe, lo encontramos en un silencio adorante.

Gruta de la Natividad - Belén

Gruta de la Natividad – Belén

Eucaristía en Belén

Eucaristía en Belén

¡Qué alegría cuando nos dijeron “Vamos a la Casa del Señor”! ¡Qué gozo sentimos al pisar los umbrales de Jerusalén! Jerusalén, la madre que reúne a todos sus hijos dentro de sus murallas, aquella tierra bendita en la que aconteció nuestra salvación…

Camino del Domingo de Ramos

Camino del Domingo de Ramos

¡Qué gracia haber podido estar reunidas como comunidad en el mismo lugar en el que Jesús pronunció su oración de Hijo “¡Abba, Padre!”, haciendo propia esta plegaria en nuestros corazones!

Allí, en Getsemaní, delante de la piedra de la agonía, en un clima de profundo silencio y oración ya de noche…., ante el Santísimo, cada hermana renovó su consagración al Señor, reavivando en su corazón el fuego del amor primero. Hicimos experiencia de este amor “hasta el extremo” de Jesús por cada una de nosotras, y se lo mendigamos para poder responder con la misma generosidad.

Piedra de la Agonía

Piedra de la Agonía

Adoración al Santísimo y Renovación de nuestra consagración

Adoración al Santísimo y Renovación de nuestra consagración

Continuando en este clima de oración, fuimos al Huerto de los Olivos… era de noche… nuestros corazones velaban junto a Jesús, deseando permanecer con Él en ese momento en el que ponía su vida en las manos del Padre para traernos la Vida en abundancia.

Monte de los Olivos

Monte de los Olivos

Habiendo sido llamadas por el Padre a caminar tras las huellas de Jesús, nos dirigimos a la iglesia de San Pedro in Gallicantu, donde se encuentra la cárcel en la que Jesús estuvo preso, esa celda que nos abriría paso a la libertad de los hijos de Dios. En aquel lugar de Presencia cierta, sentimos fuertemente que estábamos siendo salvadas por la entrega confiada de Jesús.

También, como monjas y desde nuestra vida oculta, volvimos a escuchar la invitación del Padre a interceder por tantos hijos suyos que se encuentran “encarcelados”, para que esta libertad que Jesús nos trajo pueda derramarse en todos los hombres.

Iglesia de San Pedro en Gallicantu

Iglesia de San Pedro en Gallicantu

Prisión en donde estuvo Jesús

Prisión en donde estuvo Jesús

Siguiendo en este camino hacia la entrega absoluta de Jesús, fuimos rezando el Via Crucis hasta llegar al Monte Calvario y nos detuvimos ante tanto Amor ofrecido, ante el mismo lugar donde Jesús fue crucificado… anhelábamos vivir, como Él, nuestra entrega cotidiana en la obediencia fecunda al Padre.

Monte Calvario

Monte Calvario

Eucaristía en el Monte Calvario

¡Pero si Cristo no hubiese resucitado, vana sería nuestra fe! Por eso, muy de madrugada, como María Magdalena, corrimos con gozo hacia el Santo Sepulcro, pero sabiendo que Jesús ya no estaba allí, sino que lo encontraríamos resucitado. Con un corazón rebosante de alegría, nos detuvimos ante la tumba vacía, sintiendo que Jesús nos resucitaba con Él, que nos llevaba consigo a la Luz sin ocaso, que nos hacía pasar de la tierra al Cielo…

Y fue en el Santo Sepulcro, en este lugar de Pascua eterna, donde junto a toda la Iglesia comenzamos el Año de la Fe con la Eucaristía, y llenas de alegría recibimos una vez más, la misión de ser testigos de Jesús resucitado.

Santo Sepulcro

Santo Sepulcro

Eucaristía en el Santo Sepulcro

Eucaristía en el Santo Sepulcro

Eucaristía en el Santo Sepulcro

Eucaristía en el Santo Sepulcro

“Vivo de la fe en el Hijo de Dios,

 que me amó y se entregó por mí”

Gal.2, 20

Esta experiencia de sentirnos hijas tan fuertemente vivida en Jerusalén, continuamos ahondándola en el Vaticano, en la Basílica de San Pedro.

Día de la audiencia con el Santo Padre

Día de la audiencia con el Santo Padre

¡Qué gran regalo fue estar ante la tumba de Pedro, la roca sobre la que Jesús quiso edificar su Iglesia! En el recién iniciado año de la fe, como comunidad rezamos en aquel lugar agradeciendo este don, y pidiéndole al Padre que nos consolide en la fe  y que renueve también la fe de nuestros hermanos.

Tumba de San Pedro

Tumba de San Pedro

Tumba de San Pedro

Tumba de San Pedro

Finalmente llegábamos a la plaza de San Pedro junto a tantos peregrinos… ¡cómo  esperábamos aquel miércoles en el que participaríamos de la audiencia con el Papa! ¡Qué profundamente impreso quedó en nuestros corazones aquel encuentro!

Muy emocionadas aquella mañana, entramos al Vaticano con “biglieto” en mano para buscar el lugar que nuestro obispo nos había reservado, a sólo unos metros del Santo Padre. Una vez ubicadas, desplegamos nuestro cartel de “Monasterio Abba, Padre – Argentina”, preparando nuestros corazones con el canto que se hacía plegaria.

Luego de haber escuchado las palabras del Santo Padre que nos exhortaban a permanecer firmes en la fe, dándole un lugar privilegiado al encuentro con Jesús resucitado, y a seguir ahondando en nuestro ser de hijos, recibimos su tan ansiada bendición!!!!!

Esperando la audiencia

Esperando la audiencia

Saludo y bendición del Santo Padre

Saludo y bendición del Santo Padre

Estando en estas tierras impregnadas por el testimonio de santidad de tantos hermanos, que de una u otra manera entregaron sus vidas por amor a Jesús,  quisimos peregrinar a Asís

Como comunidad deseábamos conocer ese lugar en el que vivió San Francisco, este hermano tan querido para nosotras, quien supo hacer vida el Evangelio.

Cada lugar por el que caminábamos nos hablaba de una vida simple, despojada, totalmente abandonada en las manos providentes de este Dios que se le había revelado como Padre.  Estando allí pudimos encontrarnos con un Francisco orante, quien viviendo una fuerte intimidad con Dios, se volvió instrumento de paz y de caridad con los hermanos.

Asís

Eremitorio

Eremitorio

También fuimos a visitar en San Giovanni Rotondo, el Santuario del Padre Pío, quien nos dejó un claro ejemplo de obediencia a la Iglesia, de un corazón compasivo ante el sufrimiento del hermano, de una vida de profunda oración, de un dolor ofrecido por amor.

Nos impactó descubrir que era tal el amor que el Padre Pío tenía por Jesús, que lo llevó a querer compartir su mismo dolor y a recibir -delante de Jesús crucificado-  los estigmas, los signos de la pasión. Estando allí también escuchó a Jesús que le decía que su mayor tristeza era la no correspondencia a su amor por parte de los consagrados, y esto nos invitaba a renovarnos en la entrega, en la fidelidad de cada día.

Eucaristía en el altar donde celebraba el Padre Pío

Eucaristía en el altar donde celebraba el Padre Pío

Tumba del Padre Pío

Tumba del Padre Pío

Estando en los últimos días de nuestra peregrinación llegamos a Lanciano… y allí nuestros corazones, una vez más desbordados por tanta gracia en este Año de la Fe, fueron testigos de la presencia viva y real de Jesús en la Eucaristía.

Y la Providencia nos tenía preparado el regalo de poder celebrar la Misa, en el mismo lugar  donde aconteció el Milagro Eucarístico, en aquella pequeña y simple capilla de Lanciano.

De rodillas delante de este misterio, en un momento de adoración, dimos gracias al Padre por manifestarnos en la Eucaristía su amor cercano, y por entregarnos a su Hijo como Pan vivo bajado del Cielo. También visitamos los Milagros Eucarísticos de Casia y de Orvieto.

Lanciano - Milagro Eucarístico

Lanciano – Milagro Eucarístico

Lanciano - Capilla donde aconteció el milagro

Lanciano – Capilla donde aconteció el milagro

Milagro Eucarístico de Casia

Milagro Eucarístico de Casia

A lo largo de este viaje, y como siempre lo hemos vivido en nuestra fraternidad, Dios se nos revelaba a cada instante como un Dios-con-nosotros, como un Padre que va allanando nuestros caminos, abriéndonos las puertas de lugares inesperados…

Nos conmovió ser testigos de la continua alabanza al Padre, de la oración que se elevaba como el incienso en Su Presencia. ¡Ver a tantos hijos que se unían en una misma plegaria! Así también en nosotras, en cada lugar que visitábamos, brotaba un canto hecho oración, que se propagaba como un eco en el corazón de nuestros hermanos.

Ya de regreso en nuestro monasterio, desbordadas por tanta gracia recibida en nuestra peregrinación, resonó con mayor fuerza en nuestros corazones el deseo de responder “amor con amor”, viviendo con radicalidad nuestra entrega cotidiana, haciendo de nuestra tierra una “tierra santa”… fecundando secretamente la historia.

¡GRACIAS ABBA POR DERRAMAR TANTAS BENDICIONES SOBRE NOSOTRAS Y SOBRE TODOS LOS QUE LLEVAMOS EN NUESTROS CORAZONES!

 

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