Monjas del Abba Padre

PRIMERA PROFESION MONASTICA

In ¡Abba Padre! on diciembre 6, 2016 at 10:05 pm

“Jesús nos miró con amor…” CF. Mc 10,21

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“… y nos amó hasta el extremo” Cf. Jn 13,1

En este tan bendecido Año de la Misericordia y de la Canonización del Santo Cura Brochero, celebramos también con gran gozo la Primera Profesión Monástica de nuestras hermanas

María Paula en Jesús Eucaristía

María José en Jesús Crucificado

Quienes habiendo experimentado la mirada amorosa de Jesús que las eligió, responden a su llamado deseando amar como Él lo hizo, hasta el extremo. La Eucaristía fue presidida por nuestro Padre y Pastor, Monseñor Santiago Olivera, el pasado 6 de noviembre y concelebrada por varios sacerdotes allegados a nuestra fraternidad. También participaron de la celebración consagrados de distintas comunidades religiosas, familiares  y amigos de nuestras hermanas y de nuestra fraternidad.

“Ninguno de nosotros vive para sí…si vivimos, vivimos para el Señor…”

Nuestras hermanas María Paula y María José consagraron sus vidas a Dios, en las manos de nuestra Madre Hilda María Magdalena, haciendo voto de pobreza, castidad, y obediencia,  deseando vivir  en una conversión continua… Dejando así, por entero, sus vidas en las manos del Padre.

Como signo de la entrega plena y de la pertenencia exclusiva a Jesús, el Esposo, nuestras hermanas recibieron las insignias propias de su consagración como monjas de la Fraternidad Monástica Abba Padre.

Nuestras hermanas María Paula y María José ofrecieron juntos a sus familias los dones del pan y del vino, haciendo nuevamente ofrenda de sus vidas en respuesta al amor incondicional a Cristo.

 

Terminada la Eucaristía compartimos un ágape fraterno junto a familiares y amigos de la fraternidad celebrando este “Sí” a Dios.

Tarjeta

Damos gracias al Padre porque en Jesús,

nos ha mirado con misericordia en nuestra pequeñez,

nos ha amado hasta el extremo,

y ha querido consagrar hoy a dos nuevas esposas

para bien de toda su Iglesia.

 

 

Compartimos la homilía de nuestro Padre y Pastor, Monseñor Santiago Olivera,  con ocasión de la Primera Profesión Monástica de las hermanas María Paula en Jesús Eucaristía y María José en Jesús Crucificado.

 

“…Amando a Dios y en Dios a todos…”

Hoy, en esta celebración, estamos ante dos testigos bien concretos y visibles de respuesta al amor de Dios. La respuesta que dan nuestras hermanas Paula Y María José y lo que dicen los propios nombres da como la “tentación” de quedarse callados y contemplar algo de Dios muy fuerte que pasa y está presente… así que me siento cada vez que tengo la alegría, la gracia de compartir la profesión tanto temporal como perpetua con esta misma sensación de alegría, de gratitud para todas las hermanas, gratitud al Monasterio, gratitud a Dios en primer lugar que ha suscitado este carisma y que nos hace presente con gozo la certeza de que Dios es Padre.

Me animo a compartir algunas ideas, algunos pensamientos fruto de la oración y de estos días:

En primer lugar estamos terminando un nuevo ciclo litúrgico, este tiempo ordinario, estamos celebrando  el domingo nº 32 de este tiempo y las lecturas que hemos escuchado, la primera lectura fundamentalmente, ( en el Evangelio hemos puesto un poco lo que ellas han elegido “nos amó hasta el extremo”) la  certeza de un Dios que ama en Jesús hasta el extremo pero nos habla de lo que ha de venir la clave de la vida, este testimonio de los hijos de los Macabeos, un fuerte testimonio que nos invita a todos a mantenernos fieles y a descubrir que la clave es la vida eterna, la resurrección, estos hermanos macabeos han podido manifestar esto y esto no es solo del pasado, hemos tenido la alegría junto con el Cura Brochero, el Santo José Gabriel del Rosario Brochero tener como hermano de canonización a San José Luis un mártir mexicano que podemos decir como un nuevo macabeo, no quiso renunciar a Jesucristo Rey y aún en frente al propio padrino prefirió la muerte, pero sabiendo de la fe que era vida en plenitud.

Y pensaba también en estos días estamos celebrando, hemos celebrado el 1ro de noviembre la fiesta de todos los santos, si es posible el domingo siguiente para mayor fruto de toda la Iglesia celebrar la solemnidad de todos los santos.  Los obispos argentinos desde hace muchos años dedican esa jornada de oración pidiendo por la glorificación de sus siervos de Dios, tantas veces hemos rezado por nuestro Cura Brochero pero también por la santificación del pueblo argentino por eso me animaría a que pensemos juntos lo que significa nuestra vocación a la santidad, sí todos nosotros estamos llamados por el bautismo a la santidad; la santidad  no es algo para otros o algo muy lejano o muy difícil la santidad es un llamado para todos. Entonces podemos preguntarnos como decía el Papa San Juan Pablo II “quieren recibir el bautismo es lo mismo que preguntemos quiere ser santos”. La santidad por lo tanto debe ser como esa vocación y todos nosotros debemos tenerlo siempre muy presente y podríamos decir cada día la santidad no como signo de una obra personal y /o de agrandarnos, sino más bien ese camino a la santidad que nos va haciendo cada vez más pequeños y nos hace ver como más frágiles, más necesitados, pero fundamentalmente nos hace descubrir la certeza de un Dios que nos quiere santos, que trabaja en nosotros, que nos invita a responder con amor al amor que Él nos manifestó primero. La santidad supone haber encontrado el amor que Dios nos tiene y el bautismo es el camino que tenemos todos los cristianos para ir tomando conciencia de un Dios que nos ama, que nos ama hasta el fin, de un Dios que ama sin límite, de un Dios que ama a todos siempre y tomando la iniciativa y que no excluye a nadie y de esta certeza que podemos transitar, desear en primer lugar el camino de la santidad. La santidad es un don de Dios, es una vocación a la que estamos llamados. El pueblo de Dios, todos nosotros tenemos que tener la capacidad de descubrir a los santos, los santos no son solo los que el Papa proclama solemnemente en una misa muy linda. Sin duda confirma la Iglesia a los santos, pero hay muchísimas santas y santos en nuestras familias, en nuestras comunidades que no serán nunca canonizados pero que han respondido con generosidad a la vocación a la que han sido llamados. Escuchábamos que María Paula y María José con este nuevo nombre de la Eucaristía, de Jesús Crucificado dan como un nuevo bautismo, entonces lo que significará para ellas este nuevo bautismo justamente renovar en este camino la certeza de un Dios que es Padre, que las ama; entonces en este camino hacer consciente el amor a Dios sobre todas las cosas, el amor a Dios con todas las fuerzas, con todo el corazón….como tenemos todos que vivir nuestra vocación porque todos estamos llamados a amar a Dios con todas nuestras fuerzas, con todo nuestro corazón, toda nuestra vida está llamada a amar a Dios sin mezquinarle nada, entregándole todo; pero en esta pedagogía divina Dios elige a algunos hombres y mujeres, algunos para que nos hagan recordar este amor que llena el corazón, este “solo Dios basta”, esto que es búsqueda total y nos llena de gozo, de plenitud. Por eso estamos siendo testigos de este acontecimiento y decía antes: el pueblo de Dios tiene que descubrir los santos en medio nuestro, no solo cuando el Papa canoniza, los santos se van haciendo cada día, quizá lo cotidiano nos hace perder de vista esta realidad. Podemos preguntarle, sabemos que Dios está vivo, que Jesús ha resucitado, que está en medio nuestro ¿dónde lo encontramos a Jesús? ¿Dónde descubrimos la presencia de Dios? La encontramos en la Palabra, la encontramos en la Eucaristía, y la encontramos sin duda en el hermano, en los santos, en las santas; tenemos que tener ese olfato, esa mirada honda para saberlos descubrir no es sencillo quizás pero lo gente “olfatea bien” cuando nos tomamos la vida en serio, cuando queremos descubrir el camino a la santidad. Hoy María Paula y María José nos dicen y nos dan testimonio de que quieren hacer la síntesis de ese amor a Dios sobre todas las cosas, esa entrega total a Dios y también podemos decir sin equivocarnos hacer la síntesis entre esa entrega total y la cierta renuncia que obviamente toda opción tiene, pero la renuncia que vive una consagrada, un consagrado no es renuncia que coarta la propia libertad es renuncia de amor, es una nueva manera de amar porque se renuncia quizás a una manera de vivir de pensar o de desear y se opta por una nueva manera de amar. No renuncian a todas las cosas, renuncian a los apegos, renuncian a las prioridades de las personas, pero en Dios aman a todos. Esta es la clave de esta vocación de la vida consagrada este amor a Dios sin exclusión, sin excluir un amor a todos, pero un amor libre, un amor como el de Dios.

Nosotros sabemos que Dios no tiene un amor reducido, un poquito te amo a vos, otro poquito amo al otro sino que ama con toda su capacidad, con todo su amor a cada uno de nosotros. Y a esto están llamados cada uno de los consagrados. Y hoy muestran las hermanas que desean seguir amando a Dios y en Dios a todos, por elección del Padre no por propio llamado, ni por propia iniciativa. Han descubierto el amor que Dios les tiene y responden a esta vocación y nos llaman a todos nosotros a tomar conciencia de este amor, en primer lugar a Dios. Son como modelos, testigos para recordarnos y manifestar siempre, los consagrados, el amor exclusivo a Dios por eso tenemos que ser muy agradecidos de que el Señor suscite jóvenes concretos de nuestras familias, de nuestras comunidades, es un misterio que nos conmueve y si lo vemos con sentido de fe decimos ¡¡qué grande que es Dios!!

En este tiempo que vivimos, en esta cultura que vivimos se siguen suscitando respuestas generosas, genuinas de entrega a Dios y hoy ellas hacen su primera profesión, la profesión temporal que es justamente no para probar para seguir viendo sino más bien no para ver sino para crecer, este tiempo es el tiempo en el cual uno va como profundizando más, ahondando más su consagración y su entrega para un día hacer su desposorio definitivo con el Señor.  Porque creen que esta vida peregrina hacia el encuentro, porque creen que esta vida es solo figura pero la vida en plenitud es la vida del cielo, por eso nos recordarán siempre también los consagrados, los religiosos que hay otra vida, que no estamos aquí para instalarnos, por eso la castidad por el Reino de los Cielos, por eso la virginidad, por eso descubrir justamente un amor célibe, un amor casto, un amor virginal es un amor que ama sin exclusión siempre y sin apegos, siempre a todos.

Nos recuerda que las hermanas se van “casando” en esa vida de mayor intimidad con el Señor ¿Por qué quisieron? No, en primer lugar porque respondieron a esta elección con cariño del Señor, que las ha llamado, y solo Dios basta, ya no interesan proyectos personales sino proyectos de Dios, la búsqueda de Dios, la obediencia que se concretará en el camino que van dando los superiores, la Madre, la comunidad entonces se sigue con indiferencia cualquier camino personal porque se descubre que la clave es el camino que la Iglesia, el camino que Dios va transitando y el mayor bien es esa capacidad de amar con libertad, esa capacidad de entrega, entonces ya los bienes son relativos y por eso la pobreza que es no tener nada como propio sino todo recibido por Dios y saber gozar como regalo y don de Dios.

Damos gracias entonces por esta nueva profesión y vamos a renovar también nuestra mirada. Ayer yo confirmaba en un pueblito cerca de Serrezuela y siempre le digo a la gente que participa, gente que quizá hace mucho tiempo que no participa de la Misa o que no tiene asiduidad en la vida comunitaria y uno se da cuenta por los gestos, por las miradas, y yo justo miraba a uno que estaba mirando al de al lado, a ver si se sienta me siento, si se arrodilla me arrodillo, si se para me paro, pasa así y yo pensaba ayer cuando llegue a casa esta es nuestra vida; tengo grabado a un chico que miraba al de al lado y así es a los cristianos nos miran, a los cristianos ese es el llamado de la fe por eso a veces dice el Concilio Vaticano II que una de las causas del ateísmo es la falta de testimonio de los cristianos; quiera Dios también que miremos a las hermanas, que miremos a los cristianos, que descubramos y podamos como cristianos ser auténticos modelos y testigos como los hermanos macabeos, como San José Gabriel del Rosario, como San José Luis también que entregó su vida hasta el martirio. Que podamos renovar hoy el sentimiento de sabernos mirar, para querer descubrir en la vida del otro el verdadero camino y seguir los modelos, seguir el ejemplo ciertamente como el mismo Jesús lo acaba de decir en los evangelios “han visto lo que hice y yo que Señor y Maestro” hagan ustedes lo mismo.

Gracias hermanas por servirnos, por servir a la comunidad, por servir a todos nosotros, porque quieren amar a Dios sobre todas las cosas y hacer este camino de crecimiento y entrega no para ver sino para crecer en el amor.  Que así sea.

 

 

 

 

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