Monjas del Abba Padre

Reflexiones

Hacia el Padre…

Compartimos con ustedes las palabras de nuestra Madre Hilda María Magdalena en ocasión de la Aprobación Diocesana de nuestra Fraternidad Monástica Abbá Padre; durante la Santa Misa realizada el día 30 de Marzo de 2008, Fiesta de la Divina Misericordia, en el Santuario diocesano Nuestra Señora del Tránsito, en Villa Cura Brochero.

“Me vienen al corazón en estos momentos las palabras que Santa Teresa le dejaba a sus primeras monjas: «Hermanas, las que quieren ir por este camino y no parar hasta el fin, que es llegar a beber de esta Agua de Vida, como han de comenzar, digo que importa mucho, y en todo una grande y determinada determinación de no parar hasta llegar a ella, venga lo que viniera, suceda lo que sucediere, trabajase lo que se trabajare, murmure quien murmurase, siquiera llegue allá, siquiera se muera en el camino, o no tenga corazón para los trabajos que hay en él, siquiera se hunda el mundo». (Camino de perfección 21)

Teresa sabía lo que eso era, porque lo había vivido. Venga lo que venga, suceda lo que suceda, murmure quien murmure, así se muera en el camino… tener la determinación, el fuego, de embargar en ese camino fundacional, la vida.

Bueno, este grupo de monjas que hoy estamos aquí, también sabemos de esta experiencia.

Cuando hace poco más de doce años llegábamos a Villa Betharram, con unos bolsos y unas cajas, estábamos dispuestas a recorrer este camino hasta el fin. Como decía Teresa, sea que muriéramos en él, sea que no nos diera el corazón. Allí estábamos dispuestas a darlo todo; tal vez ni siquiera nosotras éramos conscientes de lo que sucedía.

Esa misma tarde cuando nuestro Obispo tocaba con fuerza y largamente la campana de la Capilla, nos decía: “Hija, Santa Teresa tocaba la campana siempre que fundaba. ¡Aquí se está haciendo historia hijitas, aunque nadie lo sepa”.

Y… ¡Tantas cosas pasaron desde aquella tarde, y tantas veces la campana ha seguido sonando en nuestros corazones … y tal vez silenciosamente, nos repetía aquella profecía de Monseñor: “Aquí se está haciendo historia …”. Aquí un grupo pequeño de mujeres está apostando la vida a una historia: ante todo, una historia de amor. Una historia de amor de un Dios y de sus hijos… que no hace sino querer celebrar la gran historia de amor del Hijo y su Padre. De Jesús y el Padre.

En los días de Semana Santa pensaba que cada campana del mundo reunía a los fieles, como nos reunía a nosotras aquella tarde para celebrar el misterio de un Dios que muere de amor, que se encarnó por amor.

Cada campana del mundo es testigo de ese amor sin medida que el Corazón de Jesús tuvo por el Padre y por los hombres, cuando nos reúne para celebrar la Eucaristía: el mayor signo de ese amor. La Pascua del Hijo. También nos reúne para recordar el paso del Hijo de este mundo al Padre entregando la vida por amor a sus hermanos. Y cada campana en el Monasterio desde aquella primera tarde en que nuestro Pastor la tocó, habla de un grupo de hijas que está entregando la vida por sus hermanos, pasando de este mundo al Padre.

Han pasado ¡¡ tantas cosas!! desde aquella tarde … y en todas hemos hecho experiencia de que Dios es Padre. De que su amor nos sostiene. De que su amor ha estado allí como nube que cubre con su sombra durante el día, como columna de fuego durante la noche.

El ha estado allí diciéndonos una y otra vez: yo soy Padre. Haciéndonos tener experiencia de aquello que El quería que transmitiéramos: experiencia de su paternidad. Abbá, Abbá, Abbá nuestro…

Hoy nuevamente han sonado las campanas y nos reunieron a todos para celebrar.

Hoy, nos anuncian una gran alegría, nuestra Madre Iglesia aprueba este estilo de vida. Reconoce que este grupo de mujeres hizo historia, una HISTORIA DE AMOR FILIAL.

Cruz fundacional

Todo lo que quisiera decir puede resumirse en la palabra que encierra el misterio de nuestras vidas, el sentido de nuestra Fundación, de todo este camino… Abbá, Abbá, Abbá nuestro que estás en los cielos.

Abbá nuestro, que encendiste en nuestros corazones el deseo de buscar tu amor, de buscar tu Rostro.

Abbá nuestro, que no nos dejaste solas.

Abbá nuestro, que hoy nos reconocés, a través de la Iglesia, como tus hijas.

Abbá, Abbá, todo ha nacido de Ti, como de su Fuente, y todo tiende a Ti como a su fin.

¡Gracias! Gracias, Abbá, por tu amor.

Quiero terminar con una especial gratitud a nuestro Padre y Pastor que nos abrió su Diócesis y su corazón. Que creyó en esta pequeña Fraternidad, que se animó a abrirle la puerta de su Diócesis al Espíritu.

Cuando fui a hablar con Monseñor Karlic (hoy, Cardenal Karlic) aconsejada por el Siervo de Dios, el Cardenal Pironio, para que me orientara en qué Diócesis de la Argentina podíamos comenzar esta Obra de Dios, él me dijo: “Yo la voy a mandar con un Obispo abierto al Espíritu”. Y esto coincidió totalmente con lo que el Cardenal Rodé le dijo a nuestro Obispo cuando estuvimos en Roma para pedir la Aprobación del Monasterio: “Usted, Monseñor, es un hombre piadoso, misionero, apostólico y romano por su obediencia a la Iglesia de Roma,  por eso le digo que sí”.

Gracias a que usted, querido Padre, ha sido y es un hombre abierto al Espíritu. Entre comillas: abierto a la “fantasía” del Espíritu … hoy las campanas del corazón de su Diócesis, de Cura Brochero, celebran esta nueva familia religiosa … y a tantos otros hijos que usted también ha acogido y aprobado.

Hoy, desde el corazón de la Diócesis de Cruz del Eje, le decimos a la Iglesia y al mundo: ¡Dios es ABBÁ! Y porque es Abbá, queremos hacernos monjas, para cantarle eternamente a su amor de Padre misericordioso.

Y por el resto de los días, Monseñor, sólo con la ayuda de Dios, desde su Diócesis, un grupo de monjas hará sonar aquella campana que usted despertó una tarde para decirle al mundo: Dios es Abbá, ¡vengan!, los invitamos a celebrar su Amor.”

Vista del parque del Monasterio

monasterioabba@yahoo.com.ar

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