Monjas del Abba Padre

Homilía en la ceremonia de consagración

Monseñor Santiago Olivera

Compartimos la homilía de nuestro Padre y Pastor, Monseñor Santiago Olivera, en la Profesión de nuestras hermanas Natalia, Diana Y María.

I Vísperas de la Pascua de la Madre de Dios.

Texto completo de la homilía

“A la fiesta que supone celebrar juntos la  Asunción de la Virgen, sumamos el celebrar la relación personal, la entrega a Dios de estas tres hermanas nuestras. Sin duda, todo lo que vivamos,  nos hablará de algo que nos trasciende a todos y donde toda palabra humana queda de más. Para descubrir el paso de Dios en esta tarde, nos debemos situar en esta relación íntima, personal, misteriosa que a todos nos mueve a renovarnos en la fe.

A esta fiesta agregamos la presencia de Monseñor Colomé, el Obispo emérito, que tuvo tanto que ver con la  Madre Hilda para que el Monasterio de Abba Padre, sea una realidad en la Iglesia. También de sacerdotes amigos de las hermanas, familiares y religiosas.

Todos tenemos la gracia y la posibilidad de reflexionar en primer lugar, sobre esta fiesta de la Virgen, que estamos celebrando. Pareciera del sentido común saber que la Virgen en cuerpo y alma está en el cielo, que su corazón de Madre está latiendo junto al Padre y sigue intercediendo por nosotros porque es nuestra Madre, sin embargo,  es un Misterio de nuestra fe, un Dogma de nuestra fe. La Virgen es como un signo y anticipo de lo que nosotros un día llegaremos a ser.

Decía  al principio que parece lógico, parece natural para un creyente, parece del sentido común, que el cuerpo de esa Mujer, la llena de Gracia, la Inmaculada, la que no tuvo pecado y la que llevó en su seno al Hijo de Dios, no sufra la corrupción del sepulcro sino que esté por los méritos de su Hijo Jesús, gozando ya de aquello que nosotros aspiramos como peregrinos.

La Virgen María. La que ha sido la mujer del “Hágase”, la mujer del “Sí” generoso, hoy tiene mucho que decirnos a nosotros también.

Yo pensaba en estos días en esta Celebración. Estuve rezando y reflexionando: María fue la mujer que frente al proyecto de Dios en su vida, entendió, captó, comprendió y descubrió el Plan Redentor.

Habiendo sido una mujer que dialogó, frente a este proyecto de Dios primero dijo con asombro: “¿Cómo puede ser esto si yo no conozco varón?”.  Al  comprender su lugar en este Plan, al vislumbrar el poder de Dios,  al entender que el Espíritu de Dios descendería sobre ella, supo decir: “Hágase en mí según tu Palabra”.

Para ella ya no contaba otro plan. Ya no contaban esas ilusiones femeninas, seguramente, de formar una familia con José… Y dijo: “Hágase en mí según tu Palabra”. Un Sí para el futuro. Un Sí que, quizás, no sabía lo que significaba… Pero María era por excelencia la mujer de la fe: La mujer que confió en la presencia de Dios. La mujer que trataba en la oración con Dios, que experimentaba saberse querida e hija de este Dios que la llamaba a colaborar en el Plan Redentor.

María fue la mujer que nos marcó el camino a todos aquellos, a todos nosotros, que queremos decirle Sí a Dios. Y también hoy, como siempre, pero más que nunca, la figura de la Virgen cobra un lugar fundamental en los hombres de nuestro tiempo. Porque vamos siendo testigos y vamos descubriendo, que -no así en algunos, no así en pequeños restos de hombres y mujeres de fe que optan por Dios- la cultura, el mundo, la sociedad, nuestra Patria, nuestros dirigentes, nuestros políticos, van actuando, van obrando, como sacando a Dios del proyecto que tiene para la vida de los hombres. Y somos testigos y fuimos testigos, muchas veces, de que a Dios se lo quiere como separar de la vida cotidiana. Como que Dios no tiene nada que decir al hombre de hoy. Y se repite y se actualiza el pecado primero de Adán y Eva cuando dijeron “¿Quién es Dios para decir que de esto, del fruto prohibido, debemos comer o no?” Y hacen su camino.

Y la Virgen es la mujer que nos habla de Dios. La Virgen es la mujer que nos habla de que es posible embarcar toda la vida frente al proyecto de Dios, porque Dios existe, porque Dios está, porque Dios tiene caminos que al hombre lo conducen al verdadero gozo y a la verdadera felicidad. Por otros caminos el hombre no alcanza de verdad la felicidad y esto lo sabemos porque el Evangelio nos lo dice muchas veces. Mañana mismo la lectura que corresponde al día de la  Asunción- acabamos de leer las vísperas de la  Asunción, la misa de la vigilia- nos habla de: “¡Feliz aquellos que escuchan la  Palabra y la practican!” Cuando la Virgen parte sin demora a Judá y va al encuentro de Isabel, Isabel le dice, entre otras cosas: “Feliz de ti por haber creído que se cumplirá la  Palabra de Dios en ti, feliz de ti porque se cumplirá lo que de ti se ha dicho.” ¡Qué alegría que podamos descubrir en la presencia de la Virgen a la mujer que ha sido feliz porque creyó!

Un querer, que es no sólo expresar con los labios la doctrina cristiana, sino vivir de tal manera y encarnar la vida de tal manera, que, nuestra vida, sea siempre evangélica. Que nuestra vida siempre sea respuesta a la fe que profesamos. Y la fe nos habla de amar a Dios en primer lugar y sobre todas las cosas.

Pero el mundo, nosotros criaturas frágiles y débiles, no amamos siempre a Dios sobre todas las cosas y en la cultura que vivimos descubrimos muchas veces que esta opción total de Dios, a todos nos sacude, nos emociona, porque hay algo que nos trasciende. Pero sin embargo, que nos interpela siempre. Porque Dios se manifiesta en algunas personas y hoy, concretamente en estas tres hermanas nuestras que nos dicen con sus vidas que Sólo Dios basta, que nada falta a quien Dios tiene; esto que está innato en el corazón del hombre, esta búsqueda de traer lo divino a lo humano, que desde el comienzo de la historia de los hombres se ha oído en distintas culturas y religiones hoy lo actualizamos con estas hermanas que quieren ser totalmente de Dios, que descubren lo absoluto y la primacía de Dios, que nos gritan silenciosamente con sus vidas lo que es Dios y que por Dios puede dejarse todo. ¡Feliz de ellas por haber creído, feliz de ellas porque nos dicen con sus vidas que amar a Dios sobre todas las cosas es posible!

Y siempre la vida consagrada, la vida religiosa, un Don del Padre para la Iglesia, para nosotros por medio de su Espíritu nos invita a pensar en la primacía de Dios, nos invita a volver a lo esencial. Somos peregrinos. Y las hermanas asumiendo la vida consagrada, la vida histórica de Jesús, que ha sido pobre, casto y obediente, nos hablan y nos invitan a vivir en lo esencial. Nada falta para  quien a Dios tiene. ¡Qué verdad! Y sin embargo, nosotros frágiles muchas veces, vamos cargando otras cosas, buscando otras cosas.

No es menos cierto, que aquí habita la opción por Dios y una respuesta generosa de quien se siente mirada y llamada, o mirado y llamado por el Señor para seguirlo. La vocación es respuesta a un llamado del Señor. Nadie puede arrogarse el seguimiento radical sino es una certeza de la llamada de Dios.

Las tres hermanas han escuchado, sentido, han experimentado la mirada amorosa de Jesús que las invita a  caminar con él, sabiéndose hijas y sabiéndose miradas por Dios, para ser en el mundo un signo de lo absoluto y de la primacía de Dios. Vamos entonces a renovar los ojos de la fe, vamos a dar gracias al Señor porque nos regala estas vidas consagradas que nos ayudan a nosotros también en nuestra propia vocación a poner nuestro corazón, nuestro interior, a renovar siempre nuestra búsqueda, de cumplir el proyecto de Dios. A liberarnos de todas aquellas cosas que no son ni sirven para Dios. Pidamos  también, para ellas, la gracia de esta oración creciente que fundamentará  y dará sentido a su vida consagrada. No han venido para vivir sólo en la  Fraternidad, no han venido para ser sólo solitarias o solteronas, han venido para ser solitarias consagradas, habitadas por el Señor, con la experiencia de Dios que las tomó, las llamó y se manifiesta en ese trato de intimidad con él. Cada una en su celda, trabajará, descansará, dormirá pero fundamentalmente estará siempre en la compañía de Dios, serán mujeres de oración. Vamos a pedir la gracia, porque es una gracia que puedan hermanas nuestras dedicarse a la oración. Así como la vida consagrada es un Don para la Iglesia, que el Señor nos regala, también para los amigos, para esta diócesis, sin duda, este Monasterio es un don, un regalo de Dios para todos los que nos acercamos porque descubrimos los dones que Dios nos va presentando. ¿Quién de nosotros cuando se acerca al Monasterio  no encuentra rostros felices? En este mundo que a veces está cargado de tristeza y soledad  uno encuentra cuando viene, rostros jóvenes y felices.

Damos gracias a Dios porque nos hace partícipes y nos hace acercarnos con absoluto respeto al proyecto de Dios en la vida de cada una. Que a esta invitación de Jesús a seguirlo en esta Fraternidad, viviendo bajo la certeza de un Dios que mira amando, se sientan hijas y puedan expresar en nombre de todos, de verdad: ¡Abba!  Con la cercanía de un Padre bueno e intercediendo por cada uno de nosotros. Vamos a agudizar los ojos, nuestros ojos, para contemplar esta íntima relación de Jesús con cada una de las hermanas. Que así sea”.

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